¿Está de moda? Probablemente sí… Su nombre significa fuerza.

La chía (Salvia hispanica L.) es una planta herbácea de la familia de las lamiáceas; es nativa del centro y sur de México, Guatemala y Nicaragua y, junto con el lino (Linum usitatissimum), es una de las especies vegetales con la mayor concentración de ácido graso alfa-linolénico omega 3 conocidas hasta 2006. Se cultiva por ello para aprovechar sus semillas, que se utilizan molidas como alimento.

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Estas semillas tienen más calcio que la leche, más omega 3 que el salmón y además, sacian y no engordan.

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Según la firma de alimentación ecológica Soria Natural, con dos cucharadas de semillas obtenemos nada menos que 11 g de fibra, cuatro de proteína, cinco de omega 3, 18% de calcio, 30% de magnesio y 27% de fósforo ¡y todo eso en 125 calorías! Así pues son muchos los beneficios para algo tan pequeño, y de ahi su fama también por su poder saciante y su alto poder en fibra, que lo convierten en la aliada perfecta para las dietas.

Su sabor es bastante insípido por eso combinan con todo prácticamente y las formas más comunes de tomarlas son:

-Como brotes: para añadir a ensaladas.

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-Hidratadas: vertiendo una cucharada en un vaso de agua o zumo y veras como doblan su tamaño y convierten el líquido en una sustancia gelatinosa. Con agua y limón es la forma clásica de tomarlas: hidratan, sacian y aportan energía. Una idea es dejarlas reposar una noche con leche de almendra y por la mañana es un pudín perfecto para desayunar.

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-Crudas en batido y yogures: aportan un toque crujiente. También puedes añadirlas en recetas de galletas, bizcochos…


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¿Os atrevéis a probarlas?

Chía: otro superalimento
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